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Con frecuencia Él nos habla en formas que sólo podemos escuchar con el corazón. Para escuchar mejor Su voz, sería sabio que bajásemos el volumen del ruido mundano en nuestra vida. Si ignoramos o bloqueamos las indicaciones del Espíritu, por la razón que sea, se hacen cada vez menos perceptibles hasta que no las escuchamos en absoluto.
Aprendamos a escuchar los susurros del Espíritu y luego seamos prestos a obedecerlos."
(Pte. Dieter F. Uchtdorf, Liahona mayo 2011, págs. 74-75)
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